"Papá está en viaje de negocios" es una de las películas más famosas de Emir Kusturica y, a decir por los comentarios, la menos surrealista u onírica de todas. Yo siempre he pensado que las películas de Kusturica era sinónimo de caos, desenfreno y locura, pero en este caso no se cumple.
Lo que se nos cuenta aquí es cómo un pequeño incidente sin importancia es suficiente para que un hombre, padre de familia para más señas, sea desterrado por el régimen de Tito y apartado de su ciudad, Sarajevo, y de su familia. Estamos en los años cincuenta y Yugoslavia acaba de romper con Stalin. Y, aunque no lo parezca, no todo el mundo está de acuerdo con Tito.
El título de la película alude precisamente a la mentira que las madres les contaban a sus hijos cuando sus padres desaparecían súbitamente por orden del régimen. En el caso de la familia del protagonista, este drama se convierte en un cúmulo de preguntas sin respuesta y tristeza, reflejadas por el relato en primera persona del hijo menor. La película parte, por lo tanto, del punto de vista de un niño, que trata de comprender lo que está pasando.
Desde el punto de vista de la esposa, la situación se percibe todavía con más angustia y rabia. La persona que delata a su esposo resulta ser su hermano, que trabaja para el Estado. Se mostrará inflexible ante las peticiones de clemencia y asumirá su rol de soldado de a pie de Yugoslavia, olvidándose de su parentesco con el detenido.
La trama de la película se va desarrollando al compás de una música pegadiza y muy original, que resuena en todo momento. Se trata de una música de acordeón, melancólica y soñolienta, que toca muchas veces el hijo mayor. Lo que se nos va contando a medida que avanza la película es un día cualquiera en la vida de los ciudadanos de la Yugoslavia de Tito. El fútbol como gran pasión colectiva, las celebraciones y comidas familiares como algo sagrado, y la omnipresente bebida, sin la cual me temo que no se puede entender lo que son los Balcanes.
Aunque sea una de las películas más realistas de Kusturica, no por ello dejamos de ver excesos y desenfrenos de todo tipo, alcohólicos, sexuales y de comportamiento en pareja. Realmente, la película se ve con cara de tristeza. Una cierta pobreza material, la falta de perspectivas de los protagonistas, el miedo... todo ello transmite una sensación de lástima. Bien es verdad que estamos en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial.
Desde Occidente tendemos a pensar que Yugoslavia fue una excepción en el conjunto de regímenes socialistas del este de Europa. Es verdad que no estaba al otro lado del Telón de Acero y que mantenía relaciones con Europa Occidental. Sin embargo, no era oro todo lo que relucía. Había un partido único, un ejército fuerte y existían purgas, detenciones arbitrarias y campos de trabajo.
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