El filme cuenta el día a día de dos mujeres en la Checoslovaquia de los años sesenta. Una de ellas es gimnasta profesional; la otra es ama de casa. Hay un solo momento en que convergen las vidas de las dos mujeres: al comienzo de la película, cuando Vera está viendo en la televisión una actuación de Eva.
La película resulta ágil, al estar siempre pasando de una vida a la otra. Aparentemente, estas dos mujeres no tienen nada en común. Sin embargo, ambas viven su día a día con angustia.
Vera es una ama de casa cansada de la monotonía y el excesivo trabajo diario. Tampoco su hijo se lo pone fácil, ya que es travieso y no hace caso fácilmente a lo que se le dice.
En cuanto a Eva, su vida está íntegramente dedicada a la gimnasia de élite. Pasa los días enteros entrenando y se siente cansada, aburrida de hacer siempre lo mismo y no poder tener otras vivencias. Los entrenamientos son duros, con profesores que no le dan tregua. Por si fuese poco, su marido es uno de sus entrenadores.
La deriva de la vida de Eva toma un giro inesperado, con una exploración de otros mundos fuera del matrimonio. Eva sigue entrenando y entrenando. El final de la película queda bastante abierto y nos obliga a pensar que en la vida es difícil conseguir la felicidad absoluta.
La sociedad checoslovaca que se muestra en la película no parece del otro lado del telón de acero. Quizá sea una impresión mía equivocada, pero las escenas y los paisajes urbanos me parecían propios de la Europa Occidental. También las escenas domésticas parecían propias de otras realidades políticas.
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