"El huevo de la serpiente" es una escalofriante película de Bergman, cuyo visionado debería ser obligatorio para toda persona adulta. Lo que se presenta es, ni más ni menos, la vida en la República de Weimar, en este período llamado de Entreguerras, en Alemania y, más concretamente, en Berlín.
Alemania había perdido la guerra y su economía acusaba no sólo los daños bélicos, sino también los cuantiosos pagos que, en concepto de reparación por los daños causados, tenía que realizar a los países ganadores. En este contexto políticamente inestable, la economía vive un momento de agonía. Un paquete de cigarrillos cuesta varios millones de marcos. La gente va a trabajar temiendo que cualquier día haya un golpe de estado, como así sucede.
Es Hitler quien comanda un golpe de estado, en el año 1923, que fracasa. Sin embargo, el huevo de la serpiente ya está a la vista de todo el mundo. Hay un protonazismo que se explicita en la violencia callejera, en la indiferencia de la policía ante ciertos actos vandálicos y violentos contra los judíos. Y, finalmente, ya está ampliamente desarrollada una idea eugenésica de la sociedad. Los experimentos con seres humanos son una realidad.
Nuestro protagonista, David Carradine, junto con Liv Ullman, ha de buscarse la vida en un Berlín de cabarets, libertino, salvaje. La película ofrece una cruda y descarnada visión de la sociedad alemana de Entreguerras, en la que ya se habían empezado a gestar la mayor parte de los ingredientes que desembocarían en la tragedia del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.
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