"Agárrate el pañuelo, Tatiana" (curioso título, por cierto), es una película realmente corta, que supera por poco la hora de duración. Son los años 70. Dos amigos finlandeses, rockeros para más señas, se echan a la carretera. Road movie total. Escuchan música en el tocadiscos de a bordo, mientras los dos beben sin parar. El conductor bebe café. El acompañante, el mecánico que le arregló el coche, bebe vodka en cantidades industriales. Por el camino encuentran a dos rusas, una de las cuales se llama Tatiana, que les piden si las pueden llevar al puerto (se supone que es Tallinn, en la República Socialista Sovitética de Estonia del momento).
Los dos finlandeses acceden. El cuarteto hace kilómetros y más kilómetros. Los finlandeses no hablan nada. Es más, no hacen ni caso a las damas rusas. Estas intentan dar conversación, pero todo es infructuoso. Se topan con dos auténticos muros. Poco a poco, la convivencia va provocando el afecto, aunque muy lentamente. Los hombres siguen sin hablar con las mujeres, aunque ellas lo intentan.
Por momentos parece una obra de cine mudo. Las miradas, los gestos, los silencios, son los verdaderos protagonistas de esta película. ¿Qué se quiere transmitir? Que para que haya comunión entre las personas no es necesario hablar (mucho). El roce puede acabar haciendo el cariño.
Otro de los mensajes que se nos lanzan es el proverbial gusto por el silencio y la tranquilidad de los nórdicos. Los finlandeses son vistos como particulares por las rusas (por cierto, Tatiana es de Tallinn y la otra es de Alma Ata, en el actual Kazajistán). Silencio, timidez y mucho alcohol. No sólo benen ellos, sino que ellas también los acompañan. En cualquier caso, el mecánico se lleva la palma. Vacía botellines de vodka sin solución de continuidad. Cada botellín (calculo que de medio litro o quizá más) cae fulminado con sólo dos tragos. Es un verdadero agujero negro que nunca tiene suficiente.
Un último aspecto que me parece interesante destacar es la movilidad transfronteriza. Rusos y finlandeses, en aquella época, eran vecinos bien avenidos. La "finlandización" hacía referencia a un modo de vida híbrido entre occidente y la URSS. Finlandia era un colchón entre la URSS y la OTAN en aquella época. Se advierte que Finlandia era un país menos próspero que hoy en día, un país con un margen de desarrollo aún importante, pero que se comenzaba a occidentalizar por obra y gracia de la música y de la cultura.
En este contexto, llama la atención que dos mujeres rusas, soviéticas, hagan turismo en Finlandia. Tatiana lleva una cámara de fotos, con la que va tomando instantáneas a lo largo del viaje.
El paso de la frontera no aparece en la película. Es curiosa la omisión, porque el momento tendría su interés. Las imágenes de la URSS se limitan a una visión desde el barco que llega a Tallin y a los andenes de la estación de tren de esta ciudad. Tatiana y los dos finlandeses despiden a la kazaja.
En todo momento el humor está presente. Los hábitos de los dos finlandeses, el silencio y su timidez provocan la sonrisa y, en algunos momentos, la carcajada. Gente humilde pasando al otro lado del telón de acero movidos por la curiosidad y el deseo.
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