Es otra nueva película muy intimista de Bergman. Nuevamente, una película de interior, un interior lleno de terciopelo rojo. En este caso no hay un solo exterior. Por ello, se puede considerar que esta película es teatro llevado al cine. Me recordó mucho el ambiente de "El silencio", otra película de interiores.
Los temas son muy bergmanianos: la dificultad para amar, la incomunicación, el odio como sentimineto opuesto al amor y el cuestionamiento de la fe. Al igual que en "El silencio", existe una persona enferma y alguien que la cuida. En este caso son dos hermana que cuidan a su otra hermana, que está postrada, gravemente enferma. Se refleja el dolor, la angustia de la muerte. La dramatización es impresionante. La angustia y la tensión llegan a nuevos límites insospechados, al igual que en "El silencio". Y también vemos algo muy bergmaniano: los personajes se sinceran y hablan abiertamente de sus opiniones y sentimientos a personas próximas o familiares. Al igual que en "Sonata de otoño" o en "El silencio", pero también en "Pasión", los personajes ajustan cuentas y se despachan a gusto. Sinceridad y hostidad nórdicas, sin duda.
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