viernes, 16 de febrero de 2024

"Diarios. A ratos perdidos 1 y 2", de Rafael Chirbes

He terminado de leer "Diarios. A ratos perdidos 1 y 2", de Rafael Chirbes. Apasionantes crónicas del desasosiego del escritor valenciano. Descubro a un lector impenitente, como no podía ser de otro modo. Sin embargo, descubro que Chirbes leía absolutamente de todo. Se escapa a mis posibilidades de entendimiento cómo es posible tamaña erudición. Lo bonito de leer diarios es que uno se identifica con lo que lee. Uno siempre piensa que es el único inseguro en el mundo, que nadie más se tortura por banalidades. Y leyendo estos diarios uno se da cuenta de que hay más gente atormentada. Ya lo he escrito en otta ocasión; esta satisfacción es, en el fondo, egoísmo. Te sientes bien porque ves que no eres el único que sufre en esta vida. Me ha llamado mucho la atención la importancia que Chirbes da a lo fisiológico. La cárcel del alma: el cuerpo. Comer y beber cuando se es joven y después, en la edad madura, vigilar y obsesionarse por la salud. Este parece ser el destino de muchos hombres. Cambios de tercio, cambios de ritmo. Muchos temas. Muchas opiniones. A Pérez-Reverte lo deja a la altura del betún. Se ve que no le entusiasmaba la literarura de don Arturo. Chirbes transmite cansancio por haber vivido, por haber viajado, por haber soportado a gente como la que le tocó de acompañante en aquella estancia en Kalsruhe. Un señor educado, resiliente y con muchísima sensibilidad. Un valenciano con una relación de amor y odio con su tierra. Un narrador privilegiado de los excesos de la transición. Un asistente atónito a muchos actos públicos en los cuales todo tipo de espontáneos y personajes extravagantes podían hacer acto de presencia. Y sobre todo, una persona sincera y desasosegada que compartió sus zozobras con todos nosotros. Seguiré leyendo los siguientes volúmenes de sus diarios.

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