Triestino. Judío converso al cristianismo pero agnóstico. Ciudadano del Imperio Austrohúngaro y a la vez italiano de corazón. Ettore Schmitz fue Italo Svevo. Escribió en un italiano del Veneto, pero pudo haberlo hecho en alemán perfectamente.
Empresario de día y escritor de noche. Admirador de Freud. Amigo de James Joyce. Inepto según sus propias palabras. Vivió la mayor parte de su vida pensando que no tenía talento para la literatura y el éxito le llegó muy tarde. Aunque tenía miedo a los tranvías y a los trenes, murió en un accidente de automóvil.
Estos días de diciembre leo "La conciencia de Zeno". Es un libro complejo. Al principio es áspero pero poco a poco se va dulcificando. Svevo derrama un gran monólogo interior sobre el tapete de las páginas en blanco. Queda una gran mancha roja y olorosa, que difícilmente sale por mucho que se lave. Escritura por momentos inspiradísima. Piruetas conceptuales constantes.
Italo Svevo juega con el lector, que asiste atónito a un despliegue inédito de emociones contradictorias. De un párrafo a otro cambia totalmente el estado de ánimo. Tan pronto se ríe como se llora. En varios momentos tengo la sensación de estar leyendo la mente del narrador. Svevo dijo que "La conciencia de Zeno" era una autobiografía, pero no la suya.
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