No comprendo por qué ha Anora llevado cinco óscars. En realidad, sí lo comprendo. Es una película producida por Universal y, aunque se las da de independiente, en el fondo es una película que aspira a ser comercial.
El argumento en sí es aparentemente bastante convencional. Los tres primeros cuartos de hora parece que asistimos a una nueva versión de Pretty Woman. El hijo de un magnate ruso, de visita en Nueva York, visita un prostíbulo y se enamora de una trabajadora sexual. Después de una semana a solas con ella, el niño pijo se prenda de ella, se van a Las Vegas y se casan allí.
Es a partir de este momento cuando el argumento da un giro totalmente diferente al de Pretty Woman. No voy a hacer spoiler, claro que no.
El film se sumerge en lo más mugriento de la ética humana. El nivel de renta y el dinero se convierten en la medida de todas las cosas. No hay escapatoria para las personas más humildes de la sociedad. La coacción, la amenaza y el chantaje, así como la violencia física, acaban por rendir a cualquiera.
Hay mucho sexo en Anora, pero no parece forzado. Dado el argumento, parece imposible realizar la película de otro modo. Lo cierto es que la bajada a los infiernos del mundo de la prostitución y de las mafias es escalofriante.
La película tiene ritmo y atrapa la atención del espectador. Sin embargo, los cinco óscars me parecen demasiados. Mikey Madison lo hace muy bien, con un personaje de Anora creíble, pero creo que hay muchas otras películas más logradas, más interesantes y con mejor factura que este drama rodado en las calles de Nueva York.
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