"Carruaje a Viena", de Karel Kachyňa, es una de las películas más impresionantes que he visto en mucho tiempo. Se trata de una obra maestra de uno de los directores menos recordados de la "Nueva ola" del cine checoslovaco de los años sesenta.
En el contexto de apertura política de Checoslovaquia durante los años sesenta, antes de que los tanques soviéticos aplastaran la apertura, florecieron un grupo de directores y directoras que renovaron el cine. Kachyňa no es tan conocido como Chitilová o Forman, pero su cine es magistral. Es conocido por "El oído" (1970), una película que sólo se pudo ver en su país después de la caída del Muro de Berlín.
"Carruaje a Viena" es una obra maestra realizada con una total economía de medios. Sólo hay tres personas en el filme, y sólo hay un escenario: un bosque, envuelto en brumas, en la frontera entre Checoslovaquia y Austria. En este escenario desolado y a la vez mágico, una campesina checa conduce una carreta en la que lleva a dos desertores del ejército alemán, que tratan de regresar a Viena. La Segunda Guerra Mundial se está terminando y los dos soldados obligan a la mujer a que los lleve en su carreta de vuelta a su patria. La mujer está destrozada por el dolor y envuenta en un manto de rabia. Los alemanes han matado a su marido por el simple robo de un saco de cemento.
Sus ansias de venganza avanzan a medida que el carruaje progresa a través del bosque. Sin embargo, el bosque no se termina nunca. Los estados de ánimo cambiantes, la gestualidad de los actores, lo acotado y cerrado de la situación, van creando un clima que envuelve al espectador. Es casi como teatro al aire libre.
Poco a poco, descubrimos que el odio y los estereotipos son poderosas fuerzas que inducen al mal. La mujer odia a los alemanes. El odio irá en aumento indefinido hasta que sucede algo. Es cerca del final cuando tiene lugar un auténtico giro de guión que cambia por completo la situación. Es la guerra. Es el estado de excepcionalidad, en el cual los sentimientos de los seres humanos pueden mudar rápida e inesperadamente.
Este magnífico ensayo sobre lo terrible de la guerra, el miedo, el odio y los sentimientos humanos contrarios, es una poderosa metáfora sobre la contradictoria condición del ser humano. En este mundo, sólo somos náufragos a merced de nuestras propias limitaciones y de nuestra falta de perspectiva. No es fácil pensar por uno mismo y escapar de los grandes convencionalismos identitarios, azote de inocentes en tiempos de guerra y, en muchos casos, en tiempos no bélicos.
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