viernes, 28 de febrero de 2025

"Animal", de Sofia Exarchou

"Animal", de Sofia Exarchou es una película que había que hacer. Era necesario contar el día a día de los trabajadores del sector turístico en espacios monofuncionales. La acción transcurre en una isla griega, en donde un grupo variopinto de jóvenes trabaja en un gran complejo hotelero. Tanto ellos como ellas son animadores. Proceden de muy diversos países de Europa y tienen en común no haber encontrado su sitio en el mundo. Se presume que son seres errantes, obligados a vivir de un trabajo que no les satisface pero les permite comer.


Es el capitalismo salvaje el que explica que los trabajadores realicen jornadas maratonianas, terminando siempre de madrugada. Espectáculos musicales, baile, juegos, acompañamiento en las piscinas del hotel y muchas otras actividades constituyen el día a día de este colectivo. Además, para conseguir unos ingresos extra, algunos de ellos trabajan de bailarines en una discoteca especializada en raves y juegos a cada cual más ridículo para los turistas borrachos con ganas de pasárselo bien.

En medio de este colectivo destaca la figura de Kalia, griega, que se erige en la persona de referencia del grupo. Ella es la que se encarga de dirigir las coreografías, asignar a cada persona un rol y lleva la voz cantante en los espectáculos.

Son personas jóvenes realizando un gran esfuerzo por "darlo todo" y tratar de divertir a turistas, generalmente senior y de países ricos, que aceptan acríticamente la diversión por la diversión que se les ofrece. Uno siente cuánto de ridículo hay en estos señores y señoras obedeciendo a los animadores en todo momento, sonriendo como si fuesen niños inocentes, sin darse cuenta de todo el trasfondo que hay detrás.

Porque lo que hay es una vivienda con unas condiciones muy poco dignas, en donde viven todos los animadores apiñados. La falta de descanso, el calor, los límites borrosos entre la vida privada y la pública y el hastío llevan a una convivencia muy poco reglada, en la que se forman parejas no convencionales, sin compromiso, sin verdadera intimidad. Los amigos y las amigas van y vienen, se dan calor para superar los malos momentos y beben, por supuesto que beben, para poder llevar la rutina y la dureza de un empleo que les absorbe todo lo que tienen. Todo para divertir a unos cuantos turistas ricachones que van a pasárselo bien.

Kalia y una chica nueva polaca llamada Ewa comienzan a interaccionar desde el primer momento. Kalia será la encargada de iniciar a Ewa e introducirla tanto en el trabajo como en el grupo del que forma parte. El grupo está bien cohesionado. Las personas conviven y tratan de sonreír, pero la situación es dura y el cansancio y la desilusión hacen mella con frecuencia.

Kalia siente que está en un callejón sin salida. Hace muchos años que trabaja en la animación turística y su vida carece de rumbo. Vencida por el cansancio, el alcohol y el hastío, comienza a relacionarse con desconocidos. Su vida es un dar tumbos constante. Llora y sufre porque no ve el final. No ve para qué tiene que estar realizando este sacrificio diariamente, vendiendo su alma y actuando siempre, fingiendo intimidad en la pista de baile y en la piscina con desconocidos.

Hay una niña pequeña en el grupo, posiblemente hija de Kalia, quien se ha integrado en el colectivo y comienza a participar en algunas actuaciones. La rueda del destino empieza girar para ella muy pronto. Y así pasan los días. El sistema no da tregua. La diversión de unos es el tormento y el dolor de otros. Puro capitalismo sin regulación y auténtico turismo insostenible.

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