Hermosa y dura película de Bergman. Dos adolescentes se conocen y empiezan un noviazgo que se transforma en una huída de la ciudad. Buscan tiempo y espacio para estar solos. Recorren en barco los alrededores de Estocolmo. Desembarcan en las islas y viven como si no hubiese mañana. Enamorados, sólo piensan en el presente.
El fin del verano supone un duro golpe de realidad para ambos. De vuelta a la ciudad, descubren que nada era lo que parecía. La vida es mucho más cruel de lo que uno puede haber llegado a pensar. El final es poco convencional y suscita muchas preguntas en el espectador. Los paisajes y la fotografía de los alrededores de Estocolmo son fascinantes, así como los planos fijos del cielo de verano. Aunque está rodada en blanco y negro, todo resplandece.
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