Es Ingrid Bergman quien caracteriza a una señora que va a visitar a su hija, que vive en el rural sueco con su marido. Hace muchos años que no se ven. Todo comienza de una forma idílica, con el encuentro entre madre e hija. Sin embargo, entra en escena una hermana de la protagonista, con una enfermedad grave, que vive en la casa con ellos. Entonces comienzan las grietas. La madre es una persona muy ocupada, pianista de éxito que viaja por todo el mundo y vive su vida de una forma independiente. La conversación entre madre e hija, azuzada por el alcohol, tiene lugar, y se desatan los infiernos.
De nuevo Bergman lo vuelve a conseguir. Muestra los demonios que existen en el alma humana y de qué manera una persona puede hacer daño y herir a otra. La hija le recuerda el pasado a su madre. Y poco a poco el ambiente se va haciendo más y más sofocante, hasta que la angustia es la sensación que predomina en el espectador. Planos cortos, casi teatro, y una actuación fantástica de Ingrid Bergman y Liv Ullman. Una película muy recomendable, siempre que uno vaya prevenido de que va a ver algo escabroso y duro.
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