sábado, 18 de enero de 2025

"El silencio", de Ingmar Bergman

Otra película magistral del director sueco. Decididamente, me atrae el cine nórdico. Es difícil pensar en una película en la que los diálogos se reduzcan a la nada de una manera tan absoluta como en esta. De nuevo vuelven las disputas de familia como argumento. Dos hermanas, junto con el hijo de una de ellas, atraviesan un país en guerra para regresar a su hogar. Dado que una de ellas (la que no tiene hijos) se encuentra mal, pernoctan en un hotel de una desconocida ciudad y deciden pasar allí unos días hasta que se recupere. La ciudad es caracterizada claramente como un lugar muy diferente de los países nórdicos. El bullicio de las calles, el caos y el calor son señales muy claras de que estamos en otra realidad, con otras reglas.


El conflicto familiar salta por las diferencias de caracteres entre las hermanas y por el rol tutelar que una de ellas, la mayor, ha ejercido siempre sobre la otra, la madre del niño. La hermana mayor, traductora, responsable y metódica, le pregunta a su hermana por sus escapadas en la ciudad desconocida. Y es que mientras el niño vaga por las dependencias del hotel, su madre recorre la ciudad despreocupadamente. La hermana mayor, enferma, recurre al alcohol para aliviar su dolor.

Poco a poco la tensión entre las dos hermanas va creciendo hasta que sucede lo inverosímil. La película se retuerce y se vuelve salvajemente dramática. De nuevo, esa luz de las películas de Bergman, esos planos cortos, seducen. Hay poco diálogo, pero el que hay está cargado de electricidad. El examen del pasado, las relaciones de familia, las rencillas, los conflictos no resueltos, poco a poco van aumentando el clima sofocante. Es un auténtico estudio psicológico sobre la mente humana, sobre las actitudes y los sentimientos.

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