Es este un tipo de película que uno acude a ver con muchas expectativas. El director es célebre, los dos actores son muy conocidos y tienen un gran currículum y el tema promete. Sin embargo, la película naufraga. Richard Gere encarna a un documentalista estadounidense llamado Leonard Fife que, gravemente enfermo, decide sincerarse ante una cámara y hablar de su vida. Busca redimirse contando al público que detrás de un documentalista crítico y comprometido en realidad se esconde una persona que ha causado sufrimiento a otros seres humanos. Uma Thurman encarna a la pareja del documentalista, que está presente en todo momento mientras se realiza la grabación del documental, en la casa de Fife en Montreal.
Sí, en Montreal, porque (y de ahí el título de la película) nuestro protagonista huyó de Estados Unidos para no ser alistado y movilizado en la guerra de Vietnam. Además, Fife va contando a la cámara cómo, en su juventud, fue abandonando a diferentes mujeres, con un comportamiento caprichoso y volátil. Ahora, desde la vejez, se arrepiente y quiere confesar delante de todo el mundo. Pero Fife está enfermo, y su mujer no quiere creer todas las confesiones. Su teoría es que la enfermedad y los medicamentos están provocando delirios y provocan que su marido distorsione la realidad, deformando unas historias e inventando otras.
Fife afirma que todo es verdad, y el espectador se sumerge en un hilo de historias no muy bien entrelazadas, con flashbacks dudosos, que crean confusión por lo deshilvanado de los mismos. Incluso a veces inserta el Fife adulto en escenas del Fife joven, lo que no hace sino desorientar más. El problema es que la película no engancha. No hay una conexión con el espectador en ningún momento. Creo que el director da por sobreentendidas muchas cosas, y eso genera frustración y aburrimiento.
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