Muchos suecos y suecas viven solos. Creo recordar que uno de cada dos suecos y suecas no comparten su vida con nadie. Viven en un país tranquilo y muy eficiente, pero se sienten infelices.
¿Dónde está la explicación de esto? En los años setenta, el Estado Sueco se marcó como objetivo lograr la total independencia de cada individuo. Se buscaba conseguir que todos los individuos consiguiesen su desarrollo personal sin depender de ninguna otra persona. Los niños podrían prosperar aunque sus padres no pudiesen ayudarles económicamente siempre que quisiesen. Por su parte, las personas mayores no dependerían de sus hijos para tener una vejez tranquila y sin sobresaltos. Nadie necesitaría económicamente a nadie. El Estado se encargaría de organizar una sociedad casi perfecta. En realidad, varias décadas después, se comprueba que así ha sido.
Sin embargo, todo este aparente progreso ha tenido un reverso oscuro. Al irse debilitando las relaciones de dependencia entre las personas, los individuos se han ido atrincherando cada vez más en sus mundos interiores. Cada individuo es su único proyecto y sólo en él vuelca sus energías. Una sociedad así está formada por individuos desconectados entre sí y su valor máximo es la libertad y la independencia de cada persona.
Los suecos son diferentes. Esto es una realidad sobre todo para las personas que vienen de fuera. A los suecos les gustan las respuestas sencillas y directas. Los monosílabos. Los suecos no hablan más de lo necesario. Suecia aparece caracterizada como un país perfecto en lo organizacional pero fallido en lo que concierne a la felicidad, que se supone que debe ser el objetivo máximo de realización de cualquier persona.
Dentro del hilo argumental, para contrastar con el estilo de vida sueco, se elige Etiopía. Allí reside un médico sueco que está casado con una mujer etíope. A pesar de las grandes carencias materiales, ejerce la medicina con gran dedicación, utilizando la imaginación para suplir la falta de instrumental y medios en general. En Etiopía los lazos entre las personas son muy estrechos y nuestro médico es feliz, porque aprecia todo el calor humano que le falta en Suecia.
Como dice Zygmunt Bauman, entrevistado en la película, no tener problemas no nos hace automáticamente más felices. Es al contrario: padecer problemas y someternos a desafíos consigue hacernos felices una vez que los superamos. Es esa voluntad de superación y el bienestar que sentimos al sobreponernos a una adversidad lo que conduce a la felicidad. La vida sin problemas de Suecia actuaría como un inhibidor de la emoción y de las grandes alegrías y satisfacciones que sentimos al ir saltando los obstáculos que la vida pone en nuestro camino.
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