sábado, 9 de marzo de 2024

El Doctor Zhivago, un impresionante fresco de la primera mitad del siglo XX ruso

Acabo de coronar este ochomil de la literatura del siglo XX. No ha sido fácil, pero sí muy gratificante. Lo que cuesta esfuerzo se disfruta mucho más que lo accesible, lo fácil. La prosa de Pasternak es poesía en muchísimos momentos. La vida de Zhivago es la vida de Rusia en la primera mitad del siglo XX. Una guerra mundial, dos revoluciones, una guerra civil, la N.E.P. y de nuevo otra guerra mundial más, mucho más destructiva y aberrante que la anterior (que ya es decir). El Doctor Zhivago es una mente libre e inquieta que encaja mal en los rígidos esquemas del Zeitgeist revolucionario y del comunismo de guerra. Su historia de amor con Lara, Larisa Fiodórovna, es algo puro y espontáneo, en el medio del caos, el sadismo y la violencia generalizada. Zhivago no es activo. Se deja llevar por las circunstancias y reflexiona. Escribe poesía y parece un frágil barquichuelo mecido por el mar embravecido e incontrolable. ¿Son las circunstancias las que empujan a los seres humanos a vivir sus vidas o, por el contrario, existe algún margen de maniobra para escapar del destino? Sí, destino, esa palabra tan fantástica en la que yo, particularmente, no creo. Sin embargo, en Rusia sí tiene sentido. Frío, nieve, desamparo, hambre, violencia endémica. La terrible historia de "Un país terrible", como el libro de Keith Gessen, está presente en cada página. El Transiberiano, el Gulag, las ejecuciones sumarias, las ratas pululando por el apartamento de Yuriatin (realmente, Perm)... El libro es un 'tour de force' brutal sobre la brutalidad del ser humano y la hostilidad de un medio tan duro. El eterno invierno de la novela me atenaza el corazón. Y finalmente,  los poemas de Zhivago, tan íntimos, tan religiosos. El libro no pregona la destrucción del sistema soviético, pero tampoco rompe ninguna lanza a su favor. A riesgo de contradecir muchas de las opiniones que he leído, a mí sí me parece que la 'nomenklatura' tuvo razones para prohibirlo. Lo publicó Feltrinelli en Italia en los 1950s en italiano y no llegó a verse en las librerías rusas hasta la Perestroika. Pasternak fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura pero el Estado soviético le obligó a renunciar a él.

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