La educación de los hijos es uno de los Ensayos de Michel de Montaigne. Abogaba por un tutor, ya que -decía- los padres no son capaces de abstraerse del cariño que le tienen a los hijos, y no soportan verlos sufrir. Ni en la asimilación de saberes ni en las destrezas de la vida un padre o una madre del siglo XVI de buena cuna se ocupaban de la educación de sus retoños. El tutor, cortesano a sueldo, era el encargado de la ingrata tarea de preparar a los vástagos para el hosco y duro mundo que les esperaba ahí fuera.
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