Realmente, leer la "Historia de España" de Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) es comprender muchas de las paranoias que siguen atormentando a propios y extraños en este país.
Esta edición de 1941, en "Cultura Española" promete horas y horas de entretenidas lecturas. El prólogo, de 1933, de Jorge Vigón (militar y posterior ministro de Franco) pone el listón muy alto: "El amor de Menéndez y Pelayo a España desborda de cada una de las páginas que nos ha legado. Un amor profundo y ancho que abarca a todas y a cada una de las regiones para fundirlas en el crisol ardiente de su corazón. Cataluña era ya en vida de don Marcelino el punto doloroso del que sufría España."
Pero vayamos ya con Don Marcelino y su florida pluma: "Lo que con el nombre de civilización árabe se designa, lejos de ser emanación espontánea ni labor propia del genio semítico, le es de todo punto extraña y aun contradictoria con él; como lo prueba el hecho de no haber florecido jamás ningún género de filosofía ni de ciencia entre los árabes ni entre los africanos, y sí sólo en pueblos islamizados, pero en los cuales predominaba el elemento indo-europeo, y persistían restos de una cultura anterior de origen clásico, como en Persia y en España, donde la gran masa de renegados superaba en mucho al elemento árabe puro, al sirio y al bereber".
A continuación leemos: "No todos los muladíes eran impenitentes y pertinaces: a muchos punzaba el buen ejemplo de los muzárabes cordobeses, protesta viva contra la debilidad y prevaricación de sus hermanos".
Seguimos..."La llamada tolerancia es virtud fácil; digámoslo más claro, es enfermedad de épocas de escepticismo o de fe nula. El que nada cree, ni espera en nada, ni se afana y acongoja por la salvación o perdición de las almas, fácilmente puede ser tolerante."
Y por fin, el célebre y mítico colofón: "España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; esa es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los Arévacos y de los Vectones, o de los reyes de Taifas."







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