No sé qué puedo decir sobre este libro que no se haya dicho ya. Quizá lo primero sea reconocer que tardé demasiado tiempo en leerlo. Toda la vida había pensado que este libro era imposible, que no sería capaz de comprenderlo, con el realismo mágico, con los infinitos Aurelianos y demás. Un buen día, lo empecé. Y seguí leyendo de un tirón hasta el final. No voy a destripar la trama ni los recursos literarios que despliega Gabriel García Márquez, porque no tiene sentido. El libro ha sido muy analizado y comentado. No creo que un simple lector aficionado como yo pueda aportar algo. Me limitaré a decir que, mientras leía, no podía dejar de imaginarme ese Caribe colombiano, ese lugar de perpetuo calor y humedad asfixiante, donde la vida debe parecerse a algo irreal o a una pesada carga que llevamos encima. Macondo es el caribe colombiano, es esa tierra exhuberante e incomprensible, situada en el comienzo de los tiempos, rayana en lo divino. La narración va envolviendo al lector hasta que lo de menos es si uno se pierde o si no se da cuenta de qué Aureliano se está hablando. Es un libro para releer y para volver sobre él muchas, muchas veces.
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