"La Parra" es una película diferente. Está centrada en un mundo local, Ferrol, que me resulta muy próximo. Aunque no es la ciudad en la que nací y me crié ni tampoco la ciudad en la que vivo, Ferrol es una referencia cercana.
No soy un experto en Ferrol, pero sé que es una ciudad con muchos problemas, heredados de un monocultivo industrial vinculado a la presencia del Estado. A partir de la reconversión industrial de los años setenta, Ferrol vive en crisis permanente. No es que no haya vivido antes situaciones de crisis, sino todo lo contrario. Las crisis en Ferrol son algo cíclico, y derivan precisamente del mayor o menor esfuerzo inversor del Estado, de coyunturas cíclicas.
Alberto Gracia, nacido en el ferrolano barrio de Recimil, se pone manos a la obra para retratar un Ferrol deprimido, en el que hay que "abandonar toda esperanza". Su película cuenta la historia de un ferrolano residente en Madrid, que vuelve a su ciudad tras la muerte de su padre. A partir de ahí, el hilo argumental explora los mundos (inframundos, mejor dicho) en torno a una pensión llamada "La Parra", donde residen personajes excluidos de la sociedad.
La película cuenta varias historias paralelas, hilvanadas entre sí, con toques de surrealismo y, a la vez, aunque parezca increíble, realismo total. Uno llega a pensar que no está en Ferrol, sino en los bajos fondos de una gran ciudad, una megalópolis en donde la pobreza devora a sus periferias. Y es que muchas veces no somos conscientes de lo que tenemos, ni conocemos los espacios más cercanos.
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