lunes, 2 de diciembre de 2024

"El infinito en un junco", de Irene Vallejo

Este libro pertenece a aquella categoría de los que uno siempre quiere leer, pero no encuentra el momento. Aunque lo compré hace más de dos años, nunca me había propuesto en serio empezarlo. Tenía para mí que me iba a gustar mucho y, por ello, buscaba aplazar el momento gozoso de comenzar la lectura. La realidad fue coherente con la expectativa. El libro se lee de una tirada. Es un gran libro.

La autora realiza un viaje profundo por la antigüedad clásica, un descenso a la historia del libro como objeto perfecto y acabado. Para ello arranca en Egipto, donde el papiro, obtenido a partir del junco, es el primer soporte portátil, que permite al libro viajar, almacenarse y custodiarse fácilmente. Es el momento en que el libro es un "rollo" o una colección de "rollos". A partir de ahí la historia salta hacia la Grecia Clásica, y el lector comprende todo el esplendor que debió tener aquella civilización. 

Siempre me había parecido difícil el acercamiento al mundo clásico, pero en el libro de Irene Vallejo todo es muy fácil y sencillo. Uno se va sumergiendo en la antigüedad casi sin quererlo. Este es uno de los grandes méritos del texto. Es un texto de divulgación muy asequible. 


El libro en Grecia y el libro en Roma. Grecia constituye la primera parte y Roma, la segunda. Grecia como original, como una civilización inspirada, creativa y cultivada. Roma como una civilización práctica, pero capaz de comprender el gran valor de la tierra que ha conquistado, Grecia, y de respetar su legado. El lector comprende que la civilización romana es el antecedente más claro de nuestro mundo de hoy, con su capitalismo, sus egos exacerbados, su meritocracia y su oligipolio de unos cuantos patricios poderosos. Con el llamado "libro de hojas", en oposición a los rollos, los romanos acaban dando vida a un objeto casi perfecto, que primero se copia artesanalmente en domicilios particulares, y luego se compra y de vende en el mercado.

En todo este periplo narrador vamos conociendo quiénes son los principales narradores y poetas de la antigüedad. Seguramente nos sentimos más familiarizados con los romanos: Ovidio, Cicerón, Marcial. Yo creo que es no sólo porque sean más recientes en el tiempo, sino porque sus temas se parecen más a los actuales, ya que viven en una sociedad de masas, en un mundo globalizado (a su manera). Roma era un gran imperio, pero tenía una cultura oficial única. En este ecosistema social, político y literario, los libros eran celebrados como grandes acontecimientos. Tener libros equivalía a tener prestigio y dinero. Esto es lo que vamos aprendiendo poco a poco al leer "El infinito en un junco". Por ello, aprendemos a valorar el libro, como invento casi perfecto y como el antídoto para la desmemoria. 

La gran idea que sobrevuela todo el texto es que si no llega a ser por los libros y por las personas que se preocuparon por salvar y conservar los más importantes, nuestra civilización hubiese sido muy diferente. Los libros consiguieron salvar el legado del mundo clásico y saltar a través de muchos siglos hasta llegar al Renacimiento, cuando se fundaron las universidades. 

A partir de ahí, y con la invención de la imprenta, comienza otra historia, en la que el libro será un objeto de consumo de masas poco a poco, año tras año y siglo tras siglo. La Ilustración, en el siglo XVIII, verá el surgimiento de la Enciclopedia, que recopiló todos los saberes de su tiempo y permitió la difusión del pensamiento libre. A partir de ahí entramos en la Edad Contemporánea, y todo se acelerará hasta nuestros días. Sin los libros, viviríamos en un mundo muy diferente al actual.

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