Se dice que Iliá Ehrenburg vivió una larga vida, en la que asistió a acontecimientos históricos. Las dos guerras mundiales, la llegada al poder del comunismo en Rusia, la tiranía de Stalin... por no olvidarnos de la guerra de España (1936-39). Si simultaneamos la lectura de sus diarios con el libro "Imperio", de Riszard Kapuscinski, tendremos la cara y la cruz de la moneda. Son dos relatos opuestos por el vértice. Ehrenburg era un judío ruso, perseguido por sus actividades revolucionarias desde 1905, que luego pasó a ser un intelectual del régimen durante largas décadas. Kapuscinski fue un reportero polaco nacido en Pinsk, que en ese momento pertenecía a Bielorrusia. Durante su infancia vio al ejército rojo entrar en su mundo, en su localidad, en su casa y deportar a cientos de personas. En el comienzo de "Imperio", Kapuscinski reflexiona sobre la cantidad de kilómetros de alambrada que fue necesario desplegar por los confines del territorio soviético. En muchas localidades no era posible encontrar tornillos ni herramientas, porque todo el acero se empleaba para construir un enorme vallado perimetral que se extendía por miles de kilómetros.
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