Sigo leyendo el libro de Jean-Paul Dubois ("No todos los hombres habitan el mundo de la misma manera"). Es un libro excelente. Se lee con gran placer. Es una escritura sumamente humana, que no se recrea en la desgracia, sino que busca encontrar el sentido de la existencia en los momentos y lugares más negativos. Pocas cosas más negativas pueden existir que una cárcel como en la que se desarrolla la acción.
Esta cárcel está en Montreal. Siempre me ha parecido una gran riqueza el Canadá francófono. Es una maravilla que en un territorio tan homogéneo y tan globalizado con América del Norte todavía subsista un lugar que resiste a la hegemonía del inglés. Una persona que habla francés, por muy canadiense que sea, es medio europea. Es un marcador de pertenencia geográfica a otra comunidad. No hay duda. Es un milagro que exista una comunidad francófona aún en el medio de coloso norteamericano.
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